Mihise Zuria se recuerda. Lienzo blanco, en euskera, abrió un desfile el 22 de octubre de 2022 y, con él, todo lo que yo había empezado mucho antes, en un boceto trazado sobre papel en blanco. Esta es la trayectoria de una idea que convertí en tejido, en bordado, en memoria.
Todo empezó en un papel en blanco
Antes de elegir el tejido, antes de pensar en el bordado, dibujé Mihise Zuria como se dibuja una idea que todavía no tiene cuerpo. El boceto fue el primer lienzo: ahí decidí las líneas, los cortes, el gesto que tendría la prenda antes de que existiera materialmente.
El lápiz es una extensión de mi mano, de lo que quiero contar. Cada línea que trazo lleva algo mío, y ahí empieza, trazo a trazo, lo que después será Mihise Zuria.
Buscaba una tela precisa, con memoria propia — casi sabia.
La tela que sabía algo del tiempo
La encontré en un tejido con hilos plateados. Nacen y se apagan con la luz, con el movimiento. Zonas mates conviven con otras que brillan, y ese cuerpo propio sostiene la forma sin necesitar nada más. Es un material donde lo antiguo y lo nuevo conviven.
La tuve entre las manos mucho tiempo antes de decidirme. La dejé caer, la arrugué, la observé bajo diferentes luces. Necesitaba estar segura de que respondería como yo quería, de que acompañaría el cuerpo en cada movimiento.
Al verla, supe que esa tela sabía algo del tiempo. Fue ella la que terminó de darle sentido al nombre de la pieza — un lienzo, literal y verdadero, sobre el que todo lo demás se construiría.
La semilla interior
Dentro de mí siempre hay una semilla, un inicio. Es mi eje de pintora: en un lienzo blanco ya está todo, esperando su momento.Con Mihise Zuria esa semilla nació fuerte, porque en este diseño iban a convivir varias técnicas para construir la pieza.
Cada vez que empiezo algo nuevo, hay un momento de silencio. Es ese instante en el que sé que lo que voy a crear nace en mí, pensando en la persona que voy a vestir. Eso me exige estar presente en cada decisión.
Del boceto al cuerpo
Del boceto nació el patrón. Antes de tocar el tejido final, hice un toile para probar la forma. Aquí ocurre la verdadera magia. El boceto ya está claro; el toile es donde el vestido se encuentra con el cuerpo. Donde las líneas se ajustan, donde los escotes cambian, donde la teoría se convierte en realidad.
Los cambios de escote se hacen en el toile, viendo cómo cae, cómo respira, cómo se comporta cuando hay movimiento. Es el momento en el que el vestido empieza a ser de quien lo va a llevar.
Después, trasladé el patrón al tejido definitivo con la técnica de los hilos flojos, trazando cada línea que después guiaría cada corte. Cada marca era una promesa: aquí va a caer la tela, aquí va a haber tensión, aquí va a fluir.
Trabajé las vistas con una paciencia casi antigua, cosí los bajos a mano y recurrí a técnicas que sujetan, compensan y construyen formas — las mismas que las mantienen en el tiempo. Son las técnicas de la alta costura las que sostienen esa exigencia: el respeto que cada diseño necesita para ser único.
Los bordados: una historia que se cuenta puntada a puntada
Los bordados estaban diseñados desde el primer boceto, con todas sus formas y detalles ya decididos. Ese diseño se trabajó en tul casi transparente con la técnica del Lunéville, y después lo cosí a mano en el vestido.
Cada perla fue colocada una a una. Cada piedra fue probada antes de fijarla. Hay bordados que se ven, y hay bordados que se sienten cuando la luz los toca de cierta manera. Yo quería los dos.
Perlas y piedras se fueron sumando en ese proceso, como si el lienzo, ya no tan blanco, empezara a contar su propia historia.
La tarde del desfile
Mihise Zuria abrió el desfile en el Museo San Telmo, el 22 de octubre de 2022, dentro de la Colección Adorea. Fue el primer lienzo que el público vio esa tarde, ya cubierto de bordado y luz plateada, todo lo que había ido construyéndose desde el papel hasta la tela.
Esa tarde, cuando vi el vestido salir por primera vez, sentí algo que solo se siente cuando has puesto todo en algo: la certeza de que cada decisión había valido la pena. Cada hora, cada ajuste, cada puntada.
▶ Ver a Mihise Zuria en la pasarela
Cada pieza, un viaje distinto
Mihise Zuria es hoy un lienzo que guarda un viaje entero: un boceto, una búsqueda, cientos de puntadas, un desfile.
Cada persona que llega a mi atelier inicia un viaje distinto conmigo, porque ninguna historia se repite. Yo vivo cada paso de ese viaje. Cada prueba, cada ajuste, cada detalle que hace que una pieza sea exactamente como tiene que ser.
Tú también tienes tu propio lienzo en blanco —una boda, una ceremonia, una noche que quieres recordar siempre—. Ahí es exactamente donde empieza todo lo que puedo crear para ti. ✦ Solicita tu cita en el atelier
Con cariño… maitasunez…
Amagoia Etxeberria



